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Cuando un conflicto familiar pone en riesgo una marca consolidada

Foto del escritor: Natalia Vergara Collado
Natalia Vergara Collado
hace 2 días
2 min de lectura

Una empresa familiar, propietaria de una marca muy conocida, había sido creada y dirigida durante años por dos hermanos. Tras el fallecimiento de uno de ellos, su hijo pasó a ocupar una posición relevante en la empresa, pero pronto surgieron graves diferencias con su tío sobre la forma de gestionarla.

La relación entre ambos llegó a un punto en el que resultaba imposible continuar trabajando juntos. Cada parte acudió a sus abogados y el conflicto estuvo cerca de terminar en los tribunales.

Inicialmente, se planteó que uno de ellos abandonara la empresa a cambio de mantener un salario y participar en los beneficios, pero la propuesta fue rechazada. A partir de ese momento, las posiciones se endurecieron y cada abogado comenzó a defender exclusivamente los intereses de su cliente.

Mi intervención consistió en apartar el foco de quién tenía razón y analizar qué consecuencias tendría el enfrentamiento para cada uno de ellos, pero también para la empresa, la marca, los trabajadores y su reputación.

Era necesario que ambas partes comprendieran qué podían ganar, pero también todo lo que podían perder si el conflicto se judicializaba y se prolongaba durante años.

Finalmente, se alcanzó un acuerdo por el que uno de ellos permaneció al frente de la empresa y de la marca, mientras que el otro recibió el valor correspondiente a su participación, además de una compensación por abandonar un proyecto empresarial que también había contribuido a crear.

El acuerdo evitó el juicio y permitió que cada uno pudiera continuar su camino profesional de manera independiente.

En los conflictos familiares dentro de una empresa no basta con defender la posición jurídica de cada parte. Hay que proteger también la continuidad del negocio, el valor de la marca y las relaciones que pueden quedar destruidas durante el proceso.

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